martes, 15 de julio de 2008

Blog cerrado


Este blog ha llegado al final de su recorrido, gracias a todos los visitantes y en especial a quienes me han dejado comentarios tan alentadores.

Nina

sábado, 12 de julio de 2008

La espada que viajó en el tiempo

Intentaré publicar esta entrada antes de que me serene y comience a pensar que a nadie le importan los pequeños "milagros" que salpican mi vida.
Así comienza este maravilloso relato, y la autora lleva razón: cuando el Universo nos hace un regalo nos sentimos llenos de luz pero, con el paso del tiempo, le vamos quitando importancia. Nada mejor que escribir estas historias para releerlas en tiempos de desánimo y recuperar la magia. Y para transmitirla, junto con la ilusión, a todas las personas que las lean.

o o o o o O o o o o o
Hace días que mi marido me viene anunciando algo con mucho entusiasmo: ¡Tengo una espada!
El resto, en El rincón de la pujaita. Gracias, Pujaita, por compartir esta experiencia tan hermosa.

sábado, 5 de julio de 2008

Hasta los perros, que se llamaban Toy

Dos hermanos gemelos, nacidos en Ohio en 1940, fueron separados y dados en adopción a dos familias cuando contaban pocos días de edad.

En 1979, al cabo de 39 años de separación, se volvieron a encontrar.

Descubrieron que ambos habían sido llamados James, que habían asistido a la escuela de policía, que les apasionaban el diseño mecánico y la carpintería. Los dos se habían casado con una mujer de nombre Linda, los dos tenían un hijo (uno llamado James Alan y el otro James Allan). Se habían divorciado y casado en segundas nupcias con una mujer llamada Betty, y cada uno tenía un perro de nombre Toy. Además, los dos pasaban las vacaciones en la playa de St. Petersburg, en Florida.

Selezione dal Reader's Digest, septiembre de 1980.

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Un oasis en el desierto


Soñar con agua dulce mientras se navega a la deriva en el mar, a 1500 millas de la costa más cercana, no tiene nada de extraordinario.


Pero el verde oasis de agua dulce en pleno océano que soñó Neil Curry resultó ser algo más que un sueño.

En 1881, el capitán Neil Curry zarpó de Liverpool hacia San Francisco a bordo del velero Kara. Su mujer y sus dos hijos viajaban con él. La travesía fue serena hasta que, a unas 1500 millas de la costa oeste de México, se declaró un incendio que obligó al capitán, a su familia y a treinta y dos miembros de la tripulación a abandonar el barco en los botes de salvamento.

Muy pronto, los náufragos comenzaron a tener sed. Los más fuertes se obstinaban en remar, con la esperanza de avistar algún buque, manteniendo inútilmente su rumbo hacia México. Pero no vieron embarcaciones ni otros signos de vida. Siete de los treinta y seis ocupantes de los botes perdieron el conocimiento. El capitán Curry contaría más tarde:
Soñaba... y en uno de mis sueños vi que el mar debajo de nosotros ya no era azul sino verde... Logré juntar las fuerzas suficientes para llenar un recipiente. Probé el agua y era dulce.
Ya despierto, el capitán notó un cambio: los botes habían entrado en una zona de agua nítidamente verde, como si fuera un prado en medio del extenso azul. Tocó el agua y la probó: ¡era dulce! Habían encontrado una misteriosa fuente de agua dulce, un imprevisible oasis de salvación en medio del mar.

Veintitrés días después de haber abandonado la nave, el capitán Curry, su esposa, los hijos y toda la tripulación llegaron a tierra sanos y salvos.

Charles Fort, The Complete Books of Charles Fort; The Sun (Nueva York), 9 de octubre de 1931.

miércoles, 2 de julio de 2008

El autobús fantasma de Ladbroke Grove


Numerosos automovilistas han sido víctimas de accidentes en este cruce de calles londinense. Todos afirmaron que habían tratado de esquivar un misterioso autobús rojo que intentaba embestirlos y después había desaparecido.

Decía un conductor al oficial de policía:
En cuanto doblé la esquina, vi un autobús que se me venía encima. Llevaba todas las luces de los dos pisos encendidas, pero no alcancé a ver a ningún conductor y tampoco pasajeros. Giré bruscamente, me subí a la acera y me incrusté en la pared. El autobús ya no estaba.
El automovilista que hacía esta declaración a la policía de North Kensigton, en Londres, podía estar bebido, sufrir una alucinación o haberse dormido al volante en el momento del accidente. Pero entonces, ¿cómo se explica que centenares de otros conductores hubiesen ya declarado que un autobús fantasma, salido de la nada en la esquina entre la calle St. Mark y Cambridge Gardens, cerca de la estación de Ladbroke Grove, los había obligado a salirse de la calle? Después de un accidente mortal, el fiscal dio más importancia a la historia y así descubrió que muchas personas, algunas de ellas residentes en la zona, habían visto el espectral autobús de dos pisos.

En esa esquina se habían producido muchos accidentes, muchos de ellos mortales pero pocos por causas ordinarias. Finalmente, la junta municipal decidió enderezar la calle y los percances disminuyeron de manera notable. Desde entonces, nadie ha vuelto a ver el misterioso autobús rojo.

Frank Smyth, Ghosts and Poltergeists

Compañeros de viaje

En diciembre de 1924, dos tripulantes del superpetrolero estadounidense Watertown murieron a causa de emanaciones tóxicas mientras limpiaban las bodegas. Cuando ocurrió el accidente, el Watertown navegaba a lo largo de la costa oeste de Estados Unidos con rumbo a Panamá y los dos hombres, James Courtney y Michael Meehan, fueron sepultados en el mar el 4 de diciembre.

El 5 de diciembre, el segundo oficial refirió al capitán Keith Tracy que los rostros de Courtney y Meehan se veían flotar sobre el mar: aparecían y desaparecían, acompañando al Watertown en su ruta. Durante el resto del viaje, las caras fueron vistas por todos los miembros de la tripulación.

Durante una escala en Nueva Orleans, el capitán Tracy narró el episodio en una reunión de funcionarios de la compañía de servicios municipales, quienes sugirieron tomar fotografías del fenómeno.

Cuando el Watertown zarpó otra vez, los rostros reaparecieron y se les tomaron seis fotografías. Cinco de ellas no mostraron nada inusual, pero en una se veían claramente las dos caras. El negativo fue controlado por la agencia de investigaciones Burns para descubrir posibles adulteraciones, y las circunstancias en que se hicieron las fotos fueron certificadas por el capitán del Watertown y por el oficial de máquinas.

D. Scotto Rogo, An Experience of Phantoms

martes, 3 de junio de 2008

Un perfume de violetas

El Emperador Napoleón III, la emperatriz Eugenia de Montijo y su hijo Luis, tras el desastroso resultado de la guerra franco-prusiana de 1870, se refugiaron en Inglaterra bajo la protección de la reina Victoria. Luis, por lealtad al país que lo acogía, se unió a un regimiento inglés que iba a combatir en Suráfrica. En 1879, el príncipe murió en una batalla contra los zulúes y, por las prisas, fue sepultado en la selva.

Eugenia tomó entonces la decisión irrevocable de llevar el cuerpo de su hijo de vuelta a Inglaterra para que descansara en la tumba de la familia. En 1880, la ex emperatriz partió hacia África con dos acompañantes, decidida a encontrar la sepultura del príncipe, y contrató a unos guías zulúes para que la ayudaran en su empresa.

Pero la selva se regenera rápidamente y, durante mucho tiempo, no fue posible encontrar la tumba. Los amigos de Eugenia, preocupados por su salud, le rogaban que pusiera fin a esta misión aparentemente sin esperanzas, pero ella insistía en continuar la búsqueda.

Una mañana corrió hacia la selva gritando “Par ici! C’est la route!” (¡Por aquí! ¡Éste es el camino!). Sus incrédulos acompañantes la siguieron por la selva, mientras ella corría sorteando rocas y troncos caídos, entre hierbas que superaban su altura, como siguiendo un sendero claramente trazado, hasta que llegó a una lápida totalmente cubierta por la vegetación. Era la tumba del príncipe Luis.

Contó a sus compañeros que la había guiado un perfume de violetas. Luis amaba ese perfume y lo usaba siempre. Eugenia había seguido el perfume hasta que el rastro se desvaneció, exactamente sobre la tumba de su hijo.
(Raymond Lamont Brown, Phantom Soldiers).