
Este blog ha llegado al final de su recorrido, gracias a todos los visitantes y en especial a quienes me han dejado comentarios tan alentadores.
Nina
Enigmas, sincronicidades, premoniciones y otros motivos para creer en lo increíble.
Intentaré publicar esta entrada antes de que me serene y comience a pensar que a nadie le importan los pequeños "milagros" que salpican mi vida.Así comienza este maravilloso relato, y la autora lleva razón: cuando el Universo nos hace un regalo nos sentimos llenos de luz pero, con el paso del tiempo, le vamos quitando importancia. Nada mejor que escribir estas historias para releerlas en tiempos de desánimo y recuperar la magia. Y para transmitirla, junto con la ilusión, a todas las personas que las lean.
Hace días que mi marido me viene anunciando algo con mucho entusiasmo: ¡Tengo una espada!El resto, en El rincón de la pujaita. Gracias, Pujaita, por compartir esta experiencia tan hermosa.
Dos hermanos gemelos, nacidos en Ohio en 1940, fueron separados y dados en adopción a dos familias cuando contaban pocos días de edad.
Soñaba... y en uno de mis sueños vi que el mar debajo de nosotros ya no era azul sino verde... Logré juntar las fuerzas suficientes para llenar un recipiente. Probé el agua y era dulce.Ya despierto, el capitán notó un cambio: los botes habían entrado en una zona de agua nítidamente verde, como si fuera un prado en medio del extenso azul. Tocó el agua y la probó: ¡era dulce! Habían encontrado una misteriosa fuente de agua dulce, un imprevisible oasis de salvación en medio del mar.

En cuanto doblé la esquina, vi un autobús que se me venía encima. Llevaba todas las luces de los dos pisos encendidas, pero no alcancé a ver a ningún conductor y tampoco pasajeros. Giré bruscamente, me subí a la acera y me incrusté en la pared. El autobús ya no estaba.El automovilista que hacía esta declaración a la policía de North Kensigton, en Londres, podía estar bebido, sufrir una alucinación o haberse dormido al volante en el momento del accidente. Pero entonces, ¿cómo se explica que centenares de otros conductores hubiesen ya declarado que un autobús fantasma, salido de la nada en la esquina entre la calle St. Mark y Cambridge Gardens, cerca de la estación de Ladbroke Grove, los había obligado a salirse de la calle? Después de un accidente mortal, el fiscal dio más importancia a la historia y así descubrió que muchas personas, algunas de ellas residentes en la zona, habían visto el espectral autobús de dos pisos.
El Emperador Napoleón III, la emperatriz Eugenia de Montijo y su hijo Luis, tras el desastroso resultado de la guerra franco-prusiana de 1870, se refugiaron en Inglaterra bajo la protección de la reina Victoria. Luis, por lealtad al país que lo acogía, se unió a un regimiento inglés que iba a combatir en Suráfrica. En 1879, el príncipe murió en una batalla contra los zulúes y, por las prisas, fue sepultado en la selva.
Eugenia tomó entonces la decisión irrevocable de llevar el cuerpo de su hijo de vuelta a Inglaterra para que descansara en la tumba de la familia. En 1880, la ex emperatriz partió hacia África con dos acompañantes, decidida a encontrar la sepultura del príncipe, y contrató a unos guías zulúes para que la ayudaran en su empresa.
Pero la selva se regenera rápidamente y, durante mucho tiempo, no fue posible encontrar la tumba. Los amigos de Eugenia, preocupados por su salud, le rogaban que pusiera fin a esta misión aparentemente sin esperanzas, pero ella insistía en continuar la búsqueda.
Una mañana corrió hacia la selva gritando “Par ici! C’est la route!” (¡Por aquí! ¡Éste es el camino!). Sus incrédulos acompañantes la siguieron por la selva, mientras ella corría sorteando rocas y troncos caídos, entre hierbas que superaban su altura, como siguiendo un sendero claramente trazado, hasta que llegó a una lápida totalmente cubierta por la vegetación. Era la tumba del príncipe Luis.
Contó a sus compañeros que la había guiado un perfume de violetas. Luis amaba ese perfume y lo usaba siempre. Eugenia había seguido el perfume hasta que el rastro se desvaneció, exactamente sobre la tumba de su hijo.
(Raymond Lamont Brown, Phantom Soldiers).